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CALIDAD DE GASOLINAS BAJO ESTRÉS

  • Writer: RAMIRO FLORES
    RAMIRO FLORES
  • 39 minutes ago
  • 3 min read


Una gasolina de coloración marrón u oscura debe leerse como un indicador de inestabilidad o contaminación en el sistema de abastecimiento. En combustibles automotrices terminados, ese cambio visual suele correlacionarse con el aumento de “cuerpos de color” asociados a oxidación, con crecimiento simultáneo de precursores de depósitos, en particular gomas e insolubles.


Desde la fisicoquímica, el fenómeno se explica por envejecimiento oxidativo durante almacenamiento y manejo. En presencia de oxígeno disuelto y energía térmica, especies reactivas del pool evolucionan hacia hidroperóxidos y luego hacia compuestos polares y oligómeros de mayor masa molecular. Esos productos elevan la tendencia a formar gomas y lacas que se depositan en filtros, bombas e inyectores. El efecto en campo es consistente y medible: pérdida progresiva de caudal en la línea de alimentación, degradación del patrón de atomización, ensuciamiento de inyectores y fallas de combustión que se vuelven masivas cuando un mismo lote se distribuye a gran escala.


La probabilidad de este modo de falla aumenta cuando el pool contiene fracciones más reactivas, por ejemplo una gasolina con contenido elevado de olefinas o diolefinas típica de corrientes de conversión. Esto no implica que las olefinas sean intrínsecamente indeseables, pero sí que exigen mayor rigor en estabilidad, compatibilidad y tiempos de residencia. En este punto, el olor “muy aromático” es solo un indicio sensorial compatible con alta aromaticidad, pero no cierra composición ni estabilidad. La conclusión técnica solo es válida cuando se respalda con análisis por lote.


El riesgo también se incrementa por catalizadores inadvertidos de la oxidación, como trazas de hierro o cobre provenientes de corrosión, arrastre de fondos y óxidos, interacción no controlada entre aditivos, o presencia elevada de metales asociados a paquetes antidetonantes. Un caso típico de amplificación ocurre cuando un tanque con producto residual actúa como “semilla” de degradación, aportando insolubles preexistentes y compuestos polares que aceleran el deterioro del lote que se mezcla posteriormente.

En blends con alcohol, la sensibilidad del sistema crece por mecanismos adicionales. El etanol incrementa la afinidad por agua, eleva la probabilidad de captación de humedad y puede inducir separación de fase si se excede la tolerancia hídrica del blend. La fase alcohol agua tiende a extraer compuestos polares y a movilizar contaminantes del fondo de tanques, además de favorecer corrosión y desprendimiento de óxidos. En Santa Cruz de la Sierra, con temperaturas elevadas y humedad alta, la cinética de degradación y la vulnerabilidad a agua aumentan, por lo que la misma desviación puede expresarse con mayor severidad y rapidez.


En La Paz, la altura introduce un amplificador distinto. La menor presión atmosférica reduce márgenes frente a volatilidad efectiva y fenómenos de vaporización en condiciones de motor caliente. Si el combustible además presenta restricciones de suministro por depósitos o filtración colmatada, la probabilidad de fallas intermitentes y pérdida de desempeño crece. En otras palabras, la altura no genera gomas, pero reduce tolerancia del sistema a una gasolina degradada o contaminada.

Metodológicamente, la conformidad no puede atribuirse a un solo eslabón. En Bolivia, la calidad final es una propiedad del sistema completo que involucra elaboración e importación, almacenamiento, mezcla, transferencia y distribución. Esto incluye potenciales desviaciones por procedimientos internos en refinerías, por operaciones de mezcla y manejo de inventarios en logística, y por el desempeño del esquema de regulación y fiscalización del Ente Regulador. Un enfoque técnicamente serio no descarta a priori a ningún actor. Evalúa evidencia por lote y por punto de custodia.


Si el objetivo es un diagnóstico que resista crítica, el estándar mínimo es analítico y trazable. Se debe reportar por lote la tendencia a depósitos mediante gomas existentes, la estabilidad a la oxidación mediante un ensayo de estabilidad con periodo de inducción, la caracterización del pool por olefinas y aromáticos, la volatilidad mediante presión de vapor y destilación, el contenido real de etanol y oxígeno, la presencia de agua y sedimentos, y la cuantificación de metales relevantes incluyendo manganeso, todo con métodos normalizados, cadena de custodia y reproducibilidad interlaboratorio. Sin ese paquete, cualquier explicación queda en el nivel de hipótesis.


La corrección técnica es igualmente sistémica. Requiere segregación inmediata de lotes sospechosos, gestión estricta de fondos de tanque, limpieza programada y control de corrosión, reglas de compatibilidad antes de mezclar, reducción de tiempos de residencia, control de exposición a aire, verificación de dosificación y eficacia de antioxidantes, y protocolos específicos para blends con etanol en climas húmedos. En paralelo, la supervisión regulatoria debe priorizar vigilancia preventiva, muestreo representativo y publicación de resultados con criterios de aceptación y trazabilidad, porque la estabilidad de la gasolina se garantiza con metrología y disciplina operacional, no con afirmaciones.

 
 
 

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